Ya parecía, daba la impresión, podía sospecharse, era de suponerse, que se acabó la Columna de Pete el Negro. ¡Las pinzas! Aquí esta de nuevo después de un breve período de ausencia que no tiene explicación ninguna y que, por lo demás, como los lectores saben, no se dará bajo ningún respecto.
Por una rara casualidad, esta columna reaparece en Jueves Santo, lo que me facilitará grandemente mi labor. No. No temáis bribonzuelos, no les voy a predicar ni nada parecido. Ustedes saben lo que se celebra en estas fechas y no seré yo quien le diga lo que tienen que hacer, ni mucho menos, lo que no tienen que hacer.
Pero eso no impide que aproveche la fecha para comentar algunas características de nuestros ser nacional, haciendo un breve repaso de las noticias de los próximos días, como un oráculo que todo lo adivina.
Alzas de hasta 200% o más en los pasajes a las diferentes ciudades del norte, del sur, del centro y adentro. ¿Cómo se arregla eso? Difícil o muy fácil. Los buses son los mismos y los pasajeros el doble o el triple. No hay solución. Si usted tiene parientes que deseará visitar todos los años para Semana Santa, junte platita y compre los boletos con anticipación. Con ese poco será muy feliz.
Pescados y mariscos, alzas de 200 ó 300 por ciento, congestión en terminales pesqueros y mercados. Mismo problema, distinta solución. Usted come pescado una vez a las mil, al igual que los mariscos. Le recomiendo que se de un patache descomunal de toda clase de animales marinos, con vinito blanco heladito, para el 21 de mayo. No tendrá ningún problema de conciencia, le saldrá barato y aprovechará de celebrar el mes del mar y nuestras Glorias Navales. ¿Qué mejor? Hágalo. Be happy.
Inspectores del Ministerio de Transportes, con su chaquetitas amarillas, toman por asalto los terminales de buses. Control de neumáticos, velocímetros, buses piratas, etc etc. Me pregunto donde guardarán a toda esta gente con sus camionetitas durante el resto del año. A lo mejor donde mismo guardan a la procesión de médicos, veterinarios y otros afines que asaltan todas las pescaderías buscando pescado fresco. Lo concreto es que a la autoridad no parece importarle mucho el transporte interurbano ni los pescados que nos venden el resto del año.
No me voy a referir a los huevitos de Pascua porque me parecen muy bien, y un observador social, que se precie de tal, no va andar criticando las cosas que le gustan.
Esperas en los peajes causan grave congestión. Ese es un problema que se ha incorporado a nuestro paisaje de Semana Santa pero que se podría solucionar bastante más fácilmente que los anteriores. Pero, tal como se los mencionara en una columna anterior, nosotros los chilenos estamos de acuerdo en lo que hay que hacer, pero hacemos otra cosa. Los tacos seguirán.
En resumen, todo seguirá igual. No hemos aprendido nada. Tratemos, de una buena vez, de sacar alguna lección de estas cosas y trabajemos en las soluciones, aunque sean parciales. Mejorar un poco ya sería bueno. Ya nos hemos acostumbrado, y aceptado como normales a demasiadas cosas que deberíamos rechazar y corregir.
skip to main |
skip to sidebar
El Cuaderno Nuevo
Oportunamente determinaremos la forma más adecuada de llenar este espacio.
viernes, 2 de abril de 2010
domingo, 28 de marzo de 2010
Columna Nº 39 de Pete el Negro
Efecto Ají Verde.
En uno de mis tantos viajes que me impone mi condición de observador social, dióse la circunstancia de encontrarme almorzando con un buen amigo, en un parador junto a la carretera.
Disfrutábamos alegre y fraternalmente de una exquisita plateada con arroz y ensalada de tomates y una heladísima cerveza.
En eso estábamos cuando pedimos a la amable, y no mal parecida garzona, que nos trajera ají verde, para acompañar el tomate.
Una alegre sonrisa precedió al platillo con ají que quedó sobre nuestra mesa, seguido de “aquí tiene señor”, y el “gracias” de rigor.
Nos dimos a la faena entonces de aderezar nuestras ensaladas con el manjar pedido.
Transcurrido algo más de un silencioso minuto mi amigo me comenta, entre alegre y sorprendido “oye, el ají esta picante”. Por todo comentario creo haberle dicho, “si, está bien bueno”.
“Algo le pasó a Pete”, pensarán mis feligreses, ¿acaso ahora es comentarista de cocina? Paciencia, nada me ha pasado, lo que pasa es que después del comentario de mi amigo y de mi analítica respuesta, no pude dejar de reflexionar sobre la situación. Me llamó la atención algo pero no acertaba a dar con qué. Y volví atrás, acompáñenme por favor: “oye, el ají está picante”¿Y que quería mi amigo, no lo pedimos acaso, exactamente para eso? Respuesta: “Si, está bien bueno” ¿o sea, porque está picante, está bien bueno?
Entonces, hijos míos, no pude dejar de reflexionar en un fenómeno que no se si será exclusividad nuestra o es universal. Algo esta pasando, cuando es digno de encomio que las personas o cosas se comporten o actúen tal como debiéramos esperar. Es notable que el ají esté picante. ¿Y no es para eso? Me parece que esto se debe a que nos estamos acostumbrando a que nada funcione como debe, o que nadie se comporte como debería.
Diariamente nos encontramos con esta anómala situación, y nos parece lo más natural del mundo. Que el cajero del banco “fue amble”, que maravilla, no me gritó; el “pan estaba blandito”, en lugar de estar duro. Parece entonces que siempre esperamos que las cosas anden mal, o, peor, que las personas se comporten mal. Cuando es así, todo bien. Lo raro es lo otro, lo correcto.
He llegado a pensar, a raíz del terremoto y sus graciosas réplicas, que, como decía J.Edwards Bello, somos un país sísmico, y esta es otra de nuestras características, que él no observó.
Parece que en nuestro carácter sísmico y catastrofista hemos encontrado una eficaz ayuda para tener momentos de felicidad.
Y parece ser una buena fórmula, tanto que creo perfectamente posible que podría ser una política de Estado, la principal preocupación de los gobernantes, parlamentarios, alcaldes, concejales, usted y yo. La meta: “Que las cosas funciones como deben y las personas se comporten como es debido”. Sería este el único país del mundo en ser feliz con tan poco esfuerzo. Ojalá.
En uno de mis tantos viajes que me impone mi condición de observador social, dióse la circunstancia de encontrarme almorzando con un buen amigo, en un parador junto a la carretera.
Disfrutábamos alegre y fraternalmente de una exquisita plateada con arroz y ensalada de tomates y una heladísima cerveza.
En eso estábamos cuando pedimos a la amable, y no mal parecida garzona, que nos trajera ají verde, para acompañar el tomate.
Una alegre sonrisa precedió al platillo con ají que quedó sobre nuestra mesa, seguido de “aquí tiene señor”, y el “gracias” de rigor.
Nos dimos a la faena entonces de aderezar nuestras ensaladas con el manjar pedido.
Transcurrido algo más de un silencioso minuto mi amigo me comenta, entre alegre y sorprendido “oye, el ají esta picante”. Por todo comentario creo haberle dicho, “si, está bien bueno”.
“Algo le pasó a Pete”, pensarán mis feligreses, ¿acaso ahora es comentarista de cocina? Paciencia, nada me ha pasado, lo que pasa es que después del comentario de mi amigo y de mi analítica respuesta, no pude dejar de reflexionar sobre la situación. Me llamó la atención algo pero no acertaba a dar con qué. Y volví atrás, acompáñenme por favor: “oye, el ají está picante”¿Y que quería mi amigo, no lo pedimos acaso, exactamente para eso? Respuesta: “Si, está bien bueno” ¿o sea, porque está picante, está bien bueno?
Entonces, hijos míos, no pude dejar de reflexionar en un fenómeno que no se si será exclusividad nuestra o es universal. Algo esta pasando, cuando es digno de encomio que las personas o cosas se comporten o actúen tal como debiéramos esperar. Es notable que el ají esté picante. ¿Y no es para eso? Me parece que esto se debe a que nos estamos acostumbrando a que nada funcione como debe, o que nadie se comporte como debería.
Diariamente nos encontramos con esta anómala situación, y nos parece lo más natural del mundo. Que el cajero del banco “fue amble”, que maravilla, no me gritó; el “pan estaba blandito”, en lugar de estar duro. Parece entonces que siempre esperamos que las cosas anden mal, o, peor, que las personas se comporten mal. Cuando es así, todo bien. Lo raro es lo otro, lo correcto.
He llegado a pensar, a raíz del terremoto y sus graciosas réplicas, que, como decía J.Edwards Bello, somos un país sísmico, y esta es otra de nuestras características, que él no observó.
Parece que en nuestro carácter sísmico y catastrofista hemos encontrado una eficaz ayuda para tener momentos de felicidad.
Y parece ser una buena fórmula, tanto que creo perfectamente posible que podría ser una política de Estado, la principal preocupación de los gobernantes, parlamentarios, alcaldes, concejales, usted y yo. La meta: “Que las cosas funciones como deben y las personas se comporten como es debido”. Sería este el único país del mundo en ser feliz con tan poco esfuerzo. Ojalá.
Columna Nº 38 de Pete el Negro
A grandes males grandes remedios.
Siempre que escuché esa frase pensaba que sería aplicable a una gran cantidad de cosas, pero muy especialmente a los grandes males de nuestra amada patria. (Algo de dramatismo siempre ayuda). Uno de estos días les voy a contar mi lista de grandes males, que espero abordar cuando sea Coronado como Pete I, Emperador de Chile y Territorios Anexados. (Uno nunca sabe)
Pues bien mis queridos feligreses, (en el futuro, súbditos) por diversas razones que no es del caso detallar aquí, siempre me ha resultado difícil de comprender, aunque más bien de aceptar, la existencia de la ridícula cantidad de Comunas de nuestro País, ¡más de trescientas! Los invito a detener sus quehaceres cotidianos por un momento y tratar de recordar cuándo fue la última vez que supieron de algo hecho por su municipio, aparte de retirar la basura, por medio de una empresa privada. No consideren tampoco “los lomos de toro”, preocupación preferente de los Alcaldes.
Es de asombrarse, creo que ejemplo único en el mundo, la cantidad de municipalidades, con sus respectivos Alcaldes, Concejales, Directores de División, de departamentos y personal en general, existen en Santiago, lo que conocemos como Santiago. Es enorme la cantidad de recursos que se dilapidan financiando el funcionamiento de Municipios de poca cobertura territorial o poblacional como, por ejemplo, Recoleta, Independencia, Pudahuel, San Joaquín, Estación Central, sólo por nombrar algunas. En las regiones centrales de Chile es increíble la cantidad de municipios que, tal vez, pudieron justificarse en épocas pretéritas, con malas vías de acceso y deficiencias de comunicación. En plena era del automóvil, buenos caminos, fax, celulares, internet, existen en nuestros campos municipios a pocos kilómetros entre unos y otros.
Pero, vaya usted a decirle esto a un político. Con seguridad le dará una lista eterna de razones para justificar esta aberración. Más aún le dará varios ejemplos de nuevas comunas que deberían crearse.
No les voy a mencionar, en detalle, el caso de las Gobernaciones. ¿Sabe usted quién es su Gobernador? No se preocupe, nadie sabe. Y tiene secretarias, ayudantes, jefes de esto y lo otro, chofer, estafeta, etc. Ahí hay otro montón de plata disponible. Vamos a las regiones, los “Seremis” Un engendro incomprensible. Los nombra el Ministro del ramo, “oyendo” al Intendente. Se supone que coordinan a los jefes regionales de los servicios, que dependen de sus jefes nacionales. Cada Seremi cuenta, por supuesto, con oficinas, vehículos y personal. Sólo en Chile somos capaces de hacer estas cosas.
¿Llegará el día en que alguien le ponga el cascabel al gato? ¿Y el reparto de pegas? ¿Y el cuoteo político?
Es la hora, chilenas y chilenos, que alcemos nuestra voz, exigiendo se ponga fin a este derroche. Ningún partido, ninguno, tomará esta bandera. Sólo los ciudadanos, ajenos a las mezquindades polítiqueras, si se organizan, pueden hacer algo.
Esta es una tarea, especialmente, de la juventud. Con sus facebooks, twitters, correos, sms, mensajes instantáneos, etc, serán capaces de remover estos obstáculos al progreso de la Patria. ¡Manos al teclado!
Siempre que escuché esa frase pensaba que sería aplicable a una gran cantidad de cosas, pero muy especialmente a los grandes males de nuestra amada patria. (Algo de dramatismo siempre ayuda). Uno de estos días les voy a contar mi lista de grandes males, que espero abordar cuando sea Coronado como Pete I, Emperador de Chile y Territorios Anexados. (Uno nunca sabe)
Pues bien mis queridos feligreses, (en el futuro, súbditos) por diversas razones que no es del caso detallar aquí, siempre me ha resultado difícil de comprender, aunque más bien de aceptar, la existencia de la ridícula cantidad de Comunas de nuestro País, ¡más de trescientas! Los invito a detener sus quehaceres cotidianos por un momento y tratar de recordar cuándo fue la última vez que supieron de algo hecho por su municipio, aparte de retirar la basura, por medio de una empresa privada. No consideren tampoco “los lomos de toro”, preocupación preferente de los Alcaldes.
Es de asombrarse, creo que ejemplo único en el mundo, la cantidad de municipalidades, con sus respectivos Alcaldes, Concejales, Directores de División, de departamentos y personal en general, existen en Santiago, lo que conocemos como Santiago. Es enorme la cantidad de recursos que se dilapidan financiando el funcionamiento de Municipios de poca cobertura territorial o poblacional como, por ejemplo, Recoleta, Independencia, Pudahuel, San Joaquín, Estación Central, sólo por nombrar algunas. En las regiones centrales de Chile es increíble la cantidad de municipios que, tal vez, pudieron justificarse en épocas pretéritas, con malas vías de acceso y deficiencias de comunicación. En plena era del automóvil, buenos caminos, fax, celulares, internet, existen en nuestros campos municipios a pocos kilómetros entre unos y otros.
Pero, vaya usted a decirle esto a un político. Con seguridad le dará una lista eterna de razones para justificar esta aberración. Más aún le dará varios ejemplos de nuevas comunas que deberían crearse.
No les voy a mencionar, en detalle, el caso de las Gobernaciones. ¿Sabe usted quién es su Gobernador? No se preocupe, nadie sabe. Y tiene secretarias, ayudantes, jefes de esto y lo otro, chofer, estafeta, etc. Ahí hay otro montón de plata disponible. Vamos a las regiones, los “Seremis” Un engendro incomprensible. Los nombra el Ministro del ramo, “oyendo” al Intendente. Se supone que coordinan a los jefes regionales de los servicios, que dependen de sus jefes nacionales. Cada Seremi cuenta, por supuesto, con oficinas, vehículos y personal. Sólo en Chile somos capaces de hacer estas cosas.
¿Llegará el día en que alguien le ponga el cascabel al gato? ¿Y el reparto de pegas? ¿Y el cuoteo político?
Es la hora, chilenas y chilenos, que alcemos nuestra voz, exigiendo se ponga fin a este derroche. Ningún partido, ninguno, tomará esta bandera. Sólo los ciudadanos, ajenos a las mezquindades polítiqueras, si se organizan, pueden hacer algo.
Esta es una tarea, especialmente, de la juventud. Con sus facebooks, twitters, correos, sms, mensajes instantáneos, etc, serán capaces de remover estos obstáculos al progreso de la Patria. ¡Manos al teclado!
Con la tecnología de Blogger.

