domingo, 28 de marzo de 2010

Columna Nº 12 de Pete el Negro

Sabado, día de descanso. Para Pete.
Hola, ¿Cómo están? Soy un amigo de Pete, o un empleado, no lo tengo muy claro. Pero lo concreto es que Pete me dijo hoy en la mañana “mira, hoy es sábado así es que ve tú que vas a hacer con la columna, yo no trabajo hoy”. Me dejó perplejo, al principio ni siquiera podía reaccionar, no sabía si había escuchado bien o si se trataba de una broma. Finalmente pude recuperarme, algo, y balbuceé, “pero Pete, ¿Cómo es eso? ¿ no vas a escribir la columna? ¿ desde cuando eres sabatista?”. ¡Desde hace cinco minutos! fue su breve respuesta y salió dando un portazo.

En tales circunstancias pensé: el otro día Pete se taimó y no hubo columna, ahora le viene un ataque místico de sabatismo y se manda cambiar. También pensé: la columna es de él, él es el dueño, él sabrá lo que hace, no es asunto mío. Y ahí me entró la duda.

Momento fatal, pero la duda era a acuciante, trabajo con don Pete hace más de cuarenta años. Lo he acompañado en cuanta aventura se le ha ocurrido, hemos andado por todas partes. La hemos pasado mal, muy mal, regular, bien y muy bien. No llevo los cálculos exactos pero estimo que en promedio la hemos pasado entre más que regular y bien. Me dije, no está mal.

Por su puesto que en ese “racconto” predominaron los buenos recuerdos, los días felices por sobre los malos recuerdos, muy pocos, y los días amargos, menos. También recordé que ese es un fenómeno natural o, al menos, de bastante común ocurrencia. La memoria es sabia, de alguna manera, con el tiempo, va escondiendo los sinsabores, los fracasos y las penas, para dejar que brillen con más fuerza los recuerdos gratos, los éxitos, las alegrías.

No iba yo, ¿a titulo de qué? Contravenir esta situación. Tendría que empezar a escarbar a la fuerza en mis recuerdos para hacer aflorar las cosas malas y equilibrar las cosas.

Por otro lado pensé: “yo debo ser una de las personas que más conoce a Pete, sus virtudes y su defectos. Y aquí medité otra vez si en este conocimiento pasaba lo mismo que con los recuerdos. Me daba cuenta que así, de buenas a primeras, le encontraba más virtudes que defectos. Incluso en una proporción un poco desequilibrada.

Finalmente llegué a la conclusión que, una vez más, estaba complicando las cosas. El asunto era, y es, mucho más simple. ¿Por qué las cosas no podían ser tan buenas como las recordaba? ¿Cuál era el problema con eso? ¿Por qué las personas no pueden ser realmente como las veo, sino que tienen que ser un poco peores? Simplemente porque nos gusta complicar las cosas. Deberían dar cursos de “aprenda a vivir la vida simplemente”. Se lo voy a comentar a Pete cuando vuelva para que lo incluya en una de sus columnas con recados al gobierno. Creo que sería un buen aporte. El verá.

Bueno, pero volvamos al inicio, Pete se mandó cambiar, dejo botada la columna y, lo que es peor, dijo que era problema mío.

Lamentablemente, no estoy en condiciones de reemplazar a Pete. Por lo menos así de sopetón, necesito tiempo.
Aprovecharé esta experiencia. A prepararme y poder responder en futura fugas de Pete.

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