domingo, 28 de marzo de 2010

Columna Nº 23 de Pete el Negro

En una actitud que no es común en Pete, ni mucho menos en su padre. Debo confesar a mis feligreses que lamento muy sinceramente haber reiniciado esta columna después de mi ausencia sísmica.

Me explico, por favor dirán ustedes, resulta que recién ahora he tomado conocimiento que la ausencia de Pete en el éter dio lugar al nacimiento de varias reflexiones de autor cuyo nombre me reservo. Tales escritos son de una tremenda calidad en todos los sentidos que pueden serlo. Contenido, valores, cultura, estilo, gramática, amenidad, actualidad, vigencia permanente, en fin todo lo que uno podría soñar de un ensayo o comentario escrito. Y es el lamentable caso de que, con la vuelta de Pete, ya no tendremos oportunidad de regocijarnos con esos ensayos. ¿Cómo no va ser inoportuno el regreso de Pete?

Cómo quisiera que esta decisión pudiera ser cambiada, reconsiderada, aún cuando fuera parcialmente. Dios quiera.

Cuando nació Pete no tenía, ni tiene, mayores pretensiones, sólo buscaba un divertimento que permitiera, de vez en cuando, pasar algún contrabando valórico, político o religioso. Sólo reflexiones cotidianas de un observador social. Nada comparable a la pluma que estamos perdiendo por culpa de Pete. ¿Por qué no se terremotió de un viaje? No habríamos perdido tanto.

Pero qué le vamos a hacer. Las cosas son como son y no como nosotros quisiéramos.
Es la vida misma.

A propósito de este lamentable episodio no he podido dejar de reflexionar en un hermoso texto que dice así: Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo. (Mateo 5:14,16). Y me reflexión sobre este texto, más allá de la evidente connotación religiosa, me hace pensar que es aplicable a todas las cosas humanas.

La humanidad como fruto del designio de Dios es una y divina. Por eso debe existir el amor universal. Por eso los hombres buscan el bien, entregando sus mejores talentos, opción tan necesaria hoy. Por eso quienes han sido bendecidos con un talento deben ser solidarios y, en un acto de amor, entregarlo al mundo, a los otros hombres. Es obligación de hombres buenos vencer la modestia extrema, deben compartir sus artes y por ese medio hacer un mundo mejor. No se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón.

Desde luego que hay otros temas de la actualidad, pero, deliberadamente se omitirán por hoy.

Se omitirán porque debe quedar registrado que la columna de hoy tiene el único objetivo de llamar a que quienes tengan algo que decir, más aún si lo hacen bien, que lo digan.

“Les digo que si estos se callan, las piedras gritarán” (Mateo 5:14,16)

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