domingo, 28 de marzo de 2010

Columna Nº 9 de Pete el Negro

Alguna vez tenía que pasar. Fallamos.
Sin embargo, este modesto columnista
confía en que contará con la misericordia de sus feligreses, para el improbable caso que los hubiera, y que sabrán tomar esta falta con bondad e indulgencia. Si no, no.

Bueno, humo blanco, se acabó el misterio, Gabinete Habemus, por fin.

Convencido de estar en el mismo estado de ánimo de casi todos, invito a reflexionar sobre estos acontecimientos. No respecto del gabinete en sí mismo sino que más bien en nuestras reacciones. ¿Qué esperábamos? He ahí la cuestión. El Gabinete no es el que esperábamos pero tampoco sabemos, cuál era ese. Es un fenómeno rarísimo. Aventurando posibles respuestas a este misterio, me atrevo a pensar que es como la situación en que nos ofrecen un regalo sorpresa y al abrirlo vemos con desencanto que no era el regalo que esperábamos, pero no sabemos qué regalo esperábamos. Avancemos entonces en la teoría, si no sabemos qué era lo esperado, entonces sabemos que era más, o mejor, o ambas cosas. Respuesta al misterio: esperábamos un gabinete que fuera “más” y “mejor”. Lo que no es menor. Primer desencanto. Esperemos sea pasajero.

Sobre el mismo tema del nuevo Gabinete, es válido pensar que se le ha quitado a la ceremonia de Juramento parte importante de su imponencia, solemnidad, y emotividad. Ni qué hablar del absurdo, chabacano y ridículo gesto de “condecorar a los nuevos ministros”, como ungiéndolos, y colgarles un artefacto computacional que contiene sus tareas. Era de verlo y no creerlo. Este servidor creyó, ingenuamente, al inicio de la ceremonia, que se trataba de alguna especie de medalla conmemorativa. Pero, ¿un pendrive? Lo lamento pero fue lamentable (lógico, de lamentar).

En lo estrictamente político, se nota que El Electo aún está traumado con su propio triunfo. Parece no haberse dado cuenta que el rechazo a la concertación no es un rechazo a los políticos sino sólo a los “malos políticos”. Es tan de Perogrullo que cuesta entender como no lo ha visto así. Allá el. Parte disgustando a su soporte político nombrando, muy equilibradamente (no confundir con el despreciable “cuoteo”) sólo ocho militantes (cuatro UDI y cuatro RN) de veintidós ministros (36.3 %). Todos los demás, blancas palomas, impolutas y muy sabihondas. Tatán, cuidado, un ministerio no es una gerencia. (Esa es pega del subse.) Pero..allá usted. Igual que le vaya bien. Me disculparé con usted, en forma tan pública como esta, si estoy equivocado.

Sobre los nominados nos pronunciaremos en próximas columnas cuando tengamos más antecedentes.

Adelantemos algo diciendo que la cartera de Interior parece haber quedado en las manos apropiadas por tratarse este señor de una mano derecha del Electo por largo tiempo.

Preocupa un poco el nombramiento en la Cancillería. Aparentemente, insisto, aparentemente, el nominado no tiene la más mínima experiencia en este campo y todo aconseja tener a los más diestros en tan delicada labor. Si tenía que nombrar un DC, por una manda o algo así, mejor hubiera dejado al Canciller actual, en lugar del nominado en Defensa. El de Hacienda está bien y estaba listo hace rato.

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