domingo, 28 de marzo de 2010

Columna Nº 17 de Pete el Negro

Una inmensa alegría inundó mi corazón al constatar que uno de mis fieles lectores, feligreses, diría H.P. de A, tomaba nota de mi ausencia en este medio. Más aún, esa alma generosa manifestaba preocupación de haber sido cancelada su suscripción. Jamás never mi estimado Johnn Fifer.

Pero el asunto llegó al paroxismo cuando, un poco después, un segundo lector, en este caso lectora, requería información sobre la ausencia de esta columna. Gracias, muchas gracias Morrongui. I’m back.

A manera de explicación, innecesaria por lo demás, se informa que la columna fue momentáneamente discontinuada básica mente por dos razones, del mismo peso y valor legal. El orden, en consecuencia, no representa preeminencia de una sobre la otra.

Uno: Como estaba previsto desde un principio este modesto servidor se cansó. Momentáneamente por cierto, no alarmarse.

Dos: Se realizó un experimento de carácter científico, sociológico y periodístico, destinado a medir la sensibilidad de la enorme cantidad de seguidores de esta columna. La muestra tiene un intervalo de confianza del 95% y un margen de error del 2,5%, de modo que es tan confiable como cualquier estudio político electoral. Los resultados son ampliamente conocidos por lo que no se estima necesario abundar en ellos en esta ocasión.

Aclarado, esperamos que definitivamente este asunto, volvamos a la contingencia.

Al fin llegó la fecha, esperada un largo año.
Ya casi no me aguanto, no sé como voy a poder esperar hasta mañana, la ansiedad me corroe y no sé qué hacer para que pasen rápido las horas, bienvenido Festival de Viña.

Tendremos una semana fantástica en que se acaba la política, los problemas económicos, el dólar, el cobre. La Haya no existe, Chávez tampoco. Si hasta el fútbol pasa a segundo plano. ¿Cómo no va ser maravilloso?

Si, el Festival es un fenómeno digno de los estudios más serios, podría ser tema para un doctorado en psicología social. Solo se le puede comparar a la Mona y su tío que caminan y “duermen” en la calle. Ni siquiera el mundial de fútbol tiene tantos seguidores.

Durante una semana sólo se hablará del festival. Semana de descanso para el Electísimo, sus ungidos con un pendrive y sus elegidos con un cronómetro; para que no saquen la vuelta.

Es una pena por la Señora, eso si. Lamentablemente sufrirá el maratónico programa de despedida, inédito en nuestra historia republicana. (En realidad en toda nuestra historia, pero suena elegante eso de “republicana”). Una semana perdida es mucho para tan noble tarea, aún cuando se verá en parte mitigado el costo con su último viaje de promoción personal. Con el alto auspicio del contribuyente, por cierto.

La tregua del Festival será aprovechada, en lujosos balnearios, por nuestros líderes políticos, de todos colores, para elaborar sus planes de trabajo. “Nosotros nos encargaremos de esto y ustedes de esto otro.” Tongo bien organizado y planeado. Que no se note mucho.

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