Esta columna obedece a la necesidad imperiosa del autor de dejar por escrito las reflexiones que le merece el acontecer diario nacional e internacional, solo para los efectos de su regocijo personal. No se trata de una publicación en ninguna de sus formas por la simple razón de que no está destinada a ser pública.
Ocasionalmente, cuando el autor se sienta impelido por una fuerza irresistible de compartir todo o parte de su contenido, se enviará por correo electrónico a algunas señaladísimas personas. En los casos en que el autor quiera compartir sólo parte de la columna se enviará de todos modos el texto completo por comodidad de aquel. En tales ocasiones será de exclusiva responsabilidad de los destinatarios discernir qué parte quería compartir el autor ya que por la razón antes expuesta no se indicará.
Atendida la razón de que esta columna está destinada a ser diaria, pero los envíos a terceros no lo serán, el autor deja establecido que recibirla no constituye derecho de ninguna naturaleza y que se efectúa como una mera liberalidad del autor.
Quienes tengan acceso a esta columna podrán usarla en cualquier forma escrita, pública o privada o por cualquier otro medio con la sola limitación de que no podrán señalar la fuente bajo ningún respecto.
El autor de esta columna, que en realidad son dos (las columnas no los autores), desea también dejar establecido que no existirá la sección cartas al director y que por lo tanto cualquier comentario que eventuales lectores envíen podrá ser publicado o no a criterio exclusivo del propietario de la columna. Se agradecerá especialmente omitir el envío de notas que sólo persigan alabar o denostar la columna, particularmente las últimas.
Como última reflexión previa el autor quiere manifestar que está muy consciente de la enorme tarea que se adjudica ya que escribir diariamente una columna, obligatoriamente, es un esfuerzo que agobia de sólo pensarlo.
Para no terminar este primer número con materias enteramente auto referentes haremos mención aunque sea superficialmente al fenómeno de la muñeca gigante y su tío que durante los últimos días ha enloquecido a Santiago. Para este humilde observador social, tal espectáculo, el de las masas no el de la mona, es digno de un estudio sociológico y psicológico. Es fácil entender que familias de escasos recurso acudieran a presenciar este espectáculo pero es más difícil entender los enormes sacrificios que en muchos casos, según propias declaraciones, han debido efectuar para este fin. Personas que madrugaron, con sus hijos, y siguieron la muñeca todo su recorrido, esperando pacientemente las largas siestas va más allá de una conducta normal. Los especialistas tiene la palabra.
Aún cuando no alcanzamos a comprender el misterio hemos llegado a la conclusión de que esto de la muñeca tiene alguna relación con el no menos extraño fenómeno de la aprobación que la ciudadanía tiene por la Señora Presidente que alcanza al 83 % pero no es suficiente para que su candidato obtenga un poco más del 50. A lo mejor la gente cree que hay algún parentesco entre la Sra. Presidente (si, con e) y la muñeca.
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Oportunamente determinaremos la forma más adecuada de llenar este espacio.
domingo, 28 de marzo de 2010
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