domingo, 28 de marzo de 2010

Columna Nº 16 de Pete el Negro

Ahora Toyota anuncia que descubrió fallas en otro modelo, el Corolla, que se ha vendido bien Chile.

¿Qué esta pasando?

Lo último que quisiera es parecer catastrofista pero, sinceramente, estoy en un estado de gran preocupación por el actual estado de cosas en el mundo, crecientemente.

Siempre hemos pensado que nosotros los chilenos no somos muy “prolijos” en el trabajo en comparación con los japoneses, los europeos y los yanquis. Está arraigada en nuestra cultura la creencia de que esos pueblos se caracterizan por la responsabilidad en el trabajo, por la tarea minuciosamente bien realizada. Por la gran responsabilidad y sentido de compromiso por un trabajo bien hecho, en busca de la excelencia.

Es posible, con toda seguridad, que esa creencia se encontrara fundada en la realidad.
Pero esa realidad ya no es tal. Algo ha cambiado dramáticamente por causas, seguramente muy profundas, que escapan a la comprensión de este modesto observador.

Este lamentable fenómeno debe haberse iniciado hace ya bastante tiempo, en forma soterrada, y ha ido creciendo lenta, pero inexorablemente.

Una de las primeras manifestaciones, de gran envergadura, fue sin dudas el desastre del Challenger (NASA-USA), trasmitido en vivo y en directo por los televisores del mundo entero. Con seguridad hay muchas más, pero por su naturaleza, quiero marcarlo como un hito en este proceso.

Después de ese tan lamentable como inexcusable accidente siguieron “pasando cosas” pero a nadie pareció llamarle especialmente la atención. Se empezó (continuó) a producir un deterioro en esa antigua cultura de “hacer las cosas bien, con responsabilidad”. Dejó de ser la excelencia un objetivo cotidiano, reemplazada por la mediocridad de “solo cumplir”, reducir costos, maximizar utilidades, eficiencia, eficiencia, eficiencia. Mal entendida desde luego.

Vinieron los primeros colapsos financieros, estimulados por el relajo moral, de Enron, Parmalat y otras que por ser focalizados no impulsaron la adopción de medidas correctivas.

Hasta que llegó la gran crisis del 2008-9. Recién en ese momento se comenzó a buscar las causas de fondo. Y se dio con ellas. La codicia desenfrenada de los jerarcas de los consorcios financieros. La colaboración o complicidad de grandes grupos de personas buscando ganancia fácil, consumo excesivo con crédito, hipotecas “de ocasión”, etc.

La gran pregunta ahora es ¿Cómo vamos a salir de este estado de cosas? ¿Cómo recuperamos la prudencia, la honradez, el amor por el trabajo bien hecho, la responsabilidad; en suma, la decencia?
Tarea de líderes, tarea de todos.

Tenemos nuevo gobierno. Esperanzas.

Veremos, los desafíos son muchos, el tiempo es corto. Confiemos en que la gravedad de la situación haya sido debidamente aquilatada por la nueva administración. Ojalá.

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