domingo, 28 de marzo de 2010

Columna Nº 15 de Pete el Negro

De los frailes que salen hablando en la tele, uno de los que menos simpáticos me cae, no tanto por lo que dice, sino por el modito en que lo dice, es Eugenio Silva.

Nótese que digo que es “uno de los que menos simpáticos me cae”, lo que en forma implícita significa que en general los frailes de la tele me caen simpáticos. Éste lo encuentro menos simpático, es todo.

Cosa muy distinta sería que yo hubiera dicho “de los frailes que salen hablando en la tele, uno de los que más mal me cae es…”. Como es fácil de observar, en este caso yo estaría implicando, claramente, que todos me caen mal, y éste uno de los que más.

Me ha parecido de suyo importante hacer esta disquisición filológica para resaltar la importancia del uso de los diferentes giros en el lenguaje común, que, como ha quedado dicho, pueden conducir a interpretaciones muy diversas, e, incluso, ajenas del todo a lo que se quiso expresar.

Rogando se me disculpe por este dislate, vuelvo al mencionado cura. En columna de su autoría –es colega del gremio- me regaló un extrañísima palabra que, no obstante mi amplísima cultura y riquísimo vocabulario, jamás había escuchado o leído.

Eutrapelia. Insisto, no la conocía. Por eso agradezco al señor cura su inapreciable obsequio.

Y resulta que la palabrita de marras es completamente atingente a las circunstancias que vivimos en el país, especialmente aquellos que se encuentran vacaciones, aunque no se limita a eso.
De acuerdo a la RAE la palabra tiene tres acepciones, todas ellas extraordinarias y que transcribo a continuación para evitar deformaciones de mi parte:
eutrapelia.
(Del gr. εὐτραπελία, broma amable).
1. f. Virtud que modera el exceso de las diversiones o entretenimientos.
2. f. Donaire o jocosidad urbana e inofensiva.
3. f. Discurso, juego u ocupación inocente, que se toma por vía de recreación honesta con templanza.
Confío en que los lectores de esta columna, en el evento que quedare alguno, estarán de acuerdo conmigo en lo extraordinario de la palabra, de aplicación universal.
En la columna del fraile, que dio origen a esta, la palabra se utiliza sólo en su primera acepción para recomendarle a todo el mundo que en vacaciones lo pasen bien, que se diviertan, que viajen etc, pero con moderación, sin excesos. Sin embargo las otras dos acepciones que tiene la palabra, bien podrían recomendarse también para dar un marco “eutrapélico” a nuestras vidas.
No se trata de recomendar tomar la vida como un juego, o “a la chacota”, sino que tomarla con una actitud más “eutrapélica”.
Nos evitaríamos así a tanto tonto grave que anda por ahí, como asimismo nos precavería de los faranduleros y payasos.

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