domingo, 28 de marzo de 2010

Columna Nº 26 de Pete el Negro

Adivine usted donde se construirán, o reconstruirán, las casas, comercios, hoteles y parroquias que fueron barridas por el maremoto reciente. Piense, le doy un minuto para pensarlo.

Ya, ¿lo pensó? ¡Exactamente!. Acertó, gana premio. Y por supuesto que tiene derecho a un premio, pensó, meditó y llegó a la misma conclusión que yo. Las van a construir donde mismo estaban. Pero las van ha reforzar un poquito, eso si. Si hasta unas defensas van a construir. Y después nos lamentamos. Si no tenemos remedio. ¿Acaso no lo hemos visto, durante años, en los ríos de Chile?

A veces me da un poco de lata hablar sobre estas cosas. Uno se empieza a ganar fama de amargo, de pesimista, de criticón empedernido.

Toda esta situación me trae a la memoria un rarísimo caso de conducta “sicótica” en nuestra sociedad y que me ha llamado tanto la atención desde años. Me refiero a esa característica criolla (a lo mejor no es tan criolla) de estar todos de acuerdo en una cosa y hacer otra. Lo he visto mil veces en toda clase a actividades, públicas, privadas, familiares, comerciales, personales, en fin, en casi todos los ámbitos de la vida.

Estamos todos de acuerdo en una cosa, y hacemos otra. ¿De donde surge una conducta tan rara? Esperemos que no se trate de un caso patológico de masoquismo colectivo.

Aunque, pensándolo bien, esta rara actitud tiene raíces individuales y que se manifiestan también en forma colectiva.

A todos nos ha pasado alguna vez que tenemos claro lo que tenemos que hacer respecto de algún asunto, incluso, a veces, lo tenemos decidido, y hacemos otra cosa, generalmente inconveniente y de resultados catastróficos. Y nos vuelve a pasar una y otra vez. Ahora, si me dicen a nadie le pasa eso alguna vez, entonces el problema es mío solamente y me empiezo a preocupar. Ustedes saben mal de muchos…

A veces pienso que en las escuelas nos enseñan puras leseras inútiles. No porque el conocimiento que entregan sea inútil sino porque no aporta mucho para vivir mejor.

En las escuelas deberían enseñar filosofía, a pensar, a razonar, a relacionarse con otros sanamente, a tolerar los fracasos, a buscar soluciones, a querer al prójimo, a ser optimistas-realistas, en fin, deberían entregar los elementos básicos para una vida sana.

A lo mejor al Electísimo, tan asertivo el, tiene pensado algo al respecto y cambia los planes y programas educativos, orientándolos para enseñar a vivir.

No puede ser que la gente tenga que aprender unas cuantas cosas, sencillas por lo demás, a golpes. A porrazo limpio. No está bien.

En materia muy personal, y ruego reserva sobre el asunto, les confieso que hay varios aspectos en que me costado bastante aprender “como es la cosa”. En cambio, les puedo recitar de memoria, hasta el día de hoy, la clasificación de los hongos y varios teoremas geométricos de dudosa utilidad práctica.
Hasta mañana. A lo mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario