domingo, 28 de marzo de 2010

Columna Nº 13 de Pete el Negro

Domingo. Día del Señor.
14 de febrero, día de San Valentín. Día de los enamorados. Dios es Amor.

Día del amor, día de meditación, ¿amo?, ¿me aman? ¿Cuánto amo? ¿Cuánto me aman? ¿Amo bien? ¿Se amar? ¿Es mi amor, sólido? ¿Es duradero? ¿O frágil y pasajero? ¿Es de conveniencia? ¿Exige amor a cambio? ¿Generoso? ¿Egoísta? Tantas preguntas que debemos contestar. Por amor.

Dice el Apóstol Pablo:

El amor es sufrido, es benigno;
El amor no tiene envidia;
El amor no es jactancioso, no se envanece,
No hace nada indebido, no busca lo suyo,
No se irrita, no guarda rencor;
No se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree,
Todo lo espera, todo lo soporta.

Parece que fuera mucho. Al menos mucho más de lo somos capaces, o que creemos ser capaces. Pero es lo que se espera de nosotros.
Seguro que podemos. Con la ayuda de la fe.

¡Ya no te quiero! Zuácate. Parece ser la frase que más se oye en nuestros días. Parejas jóvenes que se juraron amor eterno, en salud y enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, se separan, terminan el matrimonio así como se termina de almorzar. ¿Qué está pasando, para qué, por qué se casan?

¡Es que yo no lo (la) quería como antes! ¡Ya no siento cosas cuando estoy con el (ella)!

El fenómeno se inscribe en un problema más amplio, ya tocado en esta columna. Nuestra sociedad chilena, globalizada como nunca antes, no está ajena a las tendencias de las grandes urbes. Es una sociedad permeable a los usos y costumbres de los países desarrollados (¿?) Especialmente permeable a las peores. El hedonismo impera. A pasarlo bien, es lo único que vale.

¿A qué entonces perseverar en un compromiso que ya no me agrada, que no me da satisfacción? Que se tratara de un compromiso formal, libremente adquirido por adultos, con todas las prevenciones del caso, no tiene la menor importancia. Esto ya no me sirve. Lo boto y busco otro. Desechable, como todo en nuestra posmoderna sociedad.

¿San Valentín?
¿Quién es ese caballero?

Lo recuerdan con gran entusiasmo principalmente los malls, las grandes tiendas y el comercio en general. Es una especie de Navidad pero sólo de las parejas.

¿Y qué podemos hacer? Fácil (decirlo), receta universal infalible. Amemos. Aprendamos a amar. Como se debe, no como negocio o transacción, que espera una retribución o algo a cambio. No es así la cosa. Amemos gratis, por que sí, a cambio de nada. Alguien contaminado con las nuevas doctrinas inventó que deberíamos amar sólo cuando nos aman de vuelta. ¿Y de adonde sacaron eso? Si amar no es un negocio, no es una transacción. Depende sólo del que ama, no del amado. Es el que ama quién decidió amar y sólo depende de él mantener ese amor.

Dios nos ama, lo amemos o no. Hagamos lo que hagamos. Pequemos o no. ¡Amemos!

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