domingo, 28 de marzo de 2010

Columna Nº 3 de Pete el Negro

Hoy estoy feliz en Tongoy. No, no estoy en Tongoy, pero la combinación inicial de “Hoy estoy” me pareció curiosa y la quise completar. Cosas de uno.

Bueno, pero vamos. Decía que hoy estoy feliz porque ahora si que hay noticias, de las buenas. La primera: “Gobierno acorta su campaña para publicitar obras”. Es de una magnitud inmensa. Un gesto de generosidad como ese debe destacarse, hoy y siempre. El gobierno había resuelto gastar 150 millones publicitando su obra durante el mes de marzo a pesar de que se van el 11. Sin embargo, en un arranque de honradez y decencia, por lo demás característico del actual gobierno, han decidido “acortar” la campaña sólo hasta el once de marzo. Si eso no es ser magnánimo yo no sé que otra cosa podría serlo. La Señora ha dicho, con razón y con derecho, que gobernará hasta el último día. Ergo..auto bombo hasta el último día. ¡Así se gobierna pues! ¿Qué se han creído?

¿O se olvidaron acaso que la Señora nos dejó instalados en la OCDE? El club más exclusivo de países desarrollados del planeta.

Ahora, yo me pregunto si en algún país de la OCDE se puede hundir una lancha que no tiene permiso para transportar pasajeros y matar a 12 personas. O si en alguno de esos países se puede comprar cualquier cosa en la calle, especialmente falsificaciones de la más variada clase de productos sin pagar ninguna clase de impuestos o derechos de propiedad de marcas.

Pero eso no es nada. No creo en que el “comité de admisión” de la OCDE sepan que aquí en Chile a usted lo pueden meter preso por comprar algo en este “mercado”. Si, preso por comprar algo que se vende a vista y paciencia de la más variada clase de autoridades e inspectores y policías. ¿OCDE?

Pero a lo mejor nos admitieron en ese club por nuestros fantásticos sistemas de información y estadísticas. Incluso dudo que en alguno de los más pintados de esos países puedan detectar si sus ciudadanos disminuyen su consumo de carne en 10 gramos diarios. (¡Es verdad! está en el Mercurio de hoy).

Por su lado, Sebastián cabalga a sus anchas en las praderas del sur. De tanto en tanto un aro para contestar a los líderes del mundo (todos ocdianos) que lo llaman para saludarlo. Por supuesto esperaron respetuosamente que llamara primero el Tío Tom (antes era Sam). Eraquenoses todos.

Incluso llamó el Sr. Sarcozy. Ahora está muy preocupado por la excesiva ingerencia que está tomado USA en Haití. Un mínimo de pudor histórico debiera invitarlo a guardar un discreto silencio. Pero, en estos tiempos ya nadie se hace responsable de nada. Capaz que le Tío Tom le haga caso y se vaya. Si ahora están enojados los Chinos porque Oby quiere conversar con el Dalai Lama. (Analistas reconocen que el Presidente de EE.UU. tuvo una actitud conciliatoria, la que no fue correspondida por Beijing. El Mercurio). Está bien que a Oby no le guste El Príncipe, pero por lo menos debería leer “El Cateo de la Laucha”, capítulo uno. Como se le ocurre que va mantener su imperio a lo “buena persona”. Ojalá, por el bien de todos que en cuatro años no pierda lo ganado en una historia. (Porque de reelección, ni hablar).

Y, así, hemos llegado al final de la tercera columna, lo que “no es menor”.

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